¿Es posible el camino del bodhisattva en el siglo XXI?

Por Alejandro Sancho

De forma sencilla podríamos decir que una persona sigue el camino del bodhisattva si antepone la liberación de los demás a la propia. Este breve texto pretende hacernos reflexionar sobre su actualidad.

¿Cómo puede ser que un conjunto de ideas, prácticas y experiencias acaecidas hace unos 2400 años en el norte de India al que nos referimos normalmente como budismo siga teniendo tanta presencia en la actualidad? Podemos decir sin miedo a equivocarnos que cada vez ocupan más el imaginario occidental. Sin estar libres de distorsión, malinterpretación o simplificación, las ideas budistas están siendo incorporadas cada vez más a nuestra cotidianeidad. Una prueba de ello es el desarrollo de las técnicas de meditación conocidas como mindfulness, que proceden de las prácticas de la atención plena de las primeras enseñanzas budistas.

Lo que viene a continuación es una reflexión personal sobre una de las figuras clave del pensamiento y práctica budistas mahayana y su relación con la acción tanto de carácter individual como social. Se va a presentar brevemente el camino del bodhisattva en el esquema general de enseñanzas budistas y una reflexión sobre su validez y elemento inspirador fundamental del budista del siglo XXI.

Las enseñanzas del Buda histórico, Sakyamuni, se han estructurado y categorizado de innumerables maneras. Para un número importante de las escuelas Mahayana, Buda Sakyamuni impartió sus enseñanzas en tres ciclos sucesivos no contradictorios, que suelen denominarse los Tres Giros de la Rueda del Dharma.

En el primero de ellos, de carácter realista, enfatiza las Cuatro Nobles Verdades; la Verdad del Sufrimiento, la Verdad de la Causa del Sufrimiento, la Verdad de la Cesación y la del Camino que lleva a la Cesación. Este sermón, el primero impartido por el Buda en el parque de los ciervos de Sarnath (Benarés), se considera comúnmente como el fundamento básico del camino budista. La realización completa y personalizada de dicho camino lleva como fruto al estado del arhat y finalmente al nirvana que significa literalmente apagado o extinto, refiriéndose tanto al apagamiento del sufrimiento como de su causa, el deseo, el aferramiento y la idea de un yo autoexistente. La idea del nirvana no es exclusiva del budismo, era preexistente a Sakyamuni y común a otras escuelas aunque con significados algo diferentes. En este primer giro se encuentran también las escrituras del Vinaya, dedicadas a la disciplina monástica.

El segundo giro de la rueda del Dharma, que no es reconocido por todas las escuelas budistas, pero sí por las denominadas mahayana, tiene como eje fundamental los sutras de la Perfección de la Sabiduría o sutras de la Prajnaparamita. Sin entrar aquí en los pormenores de su historicidad y adscripción, estas enseñanzas enfatizan un modo de pensar mucho menos realista y alertan sobre la falta de solidez de lo que comúnmente denominamos como existente. Para la visión del Prajnaparamita, las categorías de existencia y no existencia no se corresponden bien con el modo en el que los fenómenos, tanto externos como internos, aparecen. Son, por lo tanto, categorías distorsionadoras de las apariencias. La sabiduría que reconoce y trasciende esas categorías es el tema fundamental de estos sutras que, podríamos decir, están dedicados tanto a presentarla de forma filosófica como a indicar los caminos para incorporarla a nuestro ser y personificarla. Sabiduría y compasión son para los sutras de la Prajnaparamita las dos caras de una misma realización, pues en el corazón de la sabiduría se encuentra la compasión y en el de la compasión encontramos el espacio luminoso de la sabiduría. Así como el fruto del primer giro es el y la arhat, el fruto del segundo es el bodhisattva, ya sea femenino o masculino. Tradicionalmente se considera que la persona que sigue el camino del bodhisattva retrasa su liberación individual hasta tanto no hayan sido liberados todos los seres. De esta forma se habla de tres tipos de bodhisattvas; el menor, el que es como un rey que va primero a la liberación y todos sus súbditos le siguen, el mediano, el que es como un barquero que llega junto con los pasajeros a la otra orilla y el mayor, el que es como un pastor que no descansa hasta haber recogido todas sus ovejas.

El camino del bodhisattva está orientado a conseguir de forma gradual y progresiva las Seis Perfecciones, de forma que hasta no haber alcanzado un cierto dominio en una de ellas, dominio que depende de las capacidades y contexto del aspirante, no se involucra en la siguiente. La primera de las perfecciones es la perfección de la generosidad, la segunda la de la ética u honestidad, la tercera la de la paciencia, le siguen el esfuerzo gozoso, la concentración y, por último la perfección de la sabiduría a la que se refieren los prajna- (sabiduría) paramita (perfección).

Este camino gradual, sistemático y laborioso, hasta el punto que se necesitan muchas vidas para su completo desarrollo, es propio de la gran mayoría de las escuelas mahayana. Sin embargo algunas escuelas, especialmente en las que actualmente se dan en los espacios geográficos del Himalaya, Tíbet y Mongolia, incorporan medios hábiles para que dicho camino pueda desarrollarse de forma mucho más rápida. Nos estamos refiriendo al Vajrayana. Aunque a veces se usa el término tantra budista, es conveniente comprender que este término en el contexto occidental puede ser usado equívocamente. Estos medios hábiles están muy relacionados con el tercer giro de la rueda del Dharma en el que Sakyamuni Buda desarrolla, matiza y amplia las enseñanzas del primero y segundo.

¿Qué diferencia a una persona que practica con sinceridad el Vajrayana de otra que sigue el básico camino del bodhisattva? En esencia no hay diferencia. Es más, es imposible seguir el Vajrayana sin realizar los votos del bodhisattva. La diferencia no esencial estriba en los métodos y la rapidez del resultado. Las perfecciones que forman el camino del bodhisattva se llevan a cabo no solo como aspiraciones o guías de conducta, sino que además forman parte del extraordinariamente rico despliegue iconográfico y ritual que caracteriza a la práctica del Vajrayana.

Una vez llegados a este punto, desde la asunción de que el que esto escribe pretende torpemente practicar el camino del Vajrayana, volvemos a la pregunta inicial que da título a esta entrada: ¿es posible el camino del bodhisattva en el siglo XXI?

Pensamos que no solo es posible, sino que es necesario. Es más, como una abundante literatura budista defiende, no es ni siquiera necesario ser formalmente budista para seguir el camino del bodhisattva. Se cuenta que los primeros sacerdotes cristianos que llegaron al Himalaya y hablaron de Jesús y de los evangelios se sorprendían al ver la reacción natural de los budistas locales que rápidamente identificaron a Jesús como un bodhisattva. Como decía antes, hay abundante literatura reciente budista que relata historias de bodhisattvas musulmanes, bodhisattvas taoístas, etc. ¿Cómo puede ser esto posible? Un bodhisattva es un ser que relega cualquier aspiración personal anteponiendo la liberación del sufrimiento, de sus causas y la consecución de la felicidad y de sus causas para todos los seres.

Nuestro presente está lleno de retos colectivos. Las fronteras aunque torpemente pretendan dividir a las personas, de hecho son mucho más permeables que hace unas décadas. Las ideas se mueven junto con las mercancías y la información. Las tentaciones de fosilización cultural, una clara muestra del temor a los acelerados cambios que se producen, tienden a cosificar y fragmentar un contexto complejo, múltiple y de gran riqueza. El camino del bodhisattva en nuestro contexto nos ayuda a disolver estas cosificaciones. Nos muestra que la generosidad, la ética, la paciencia, el esfuerzo, la concentración (o atención plena) y la sabiduría, son elementos esenciales para abordar las dificultades ajenas y propias y dotar de sentido a nuestra existencia. No es necesario ser etiquetado como budista para ello. Cada día, todos los días, con nuestra visión, con nuestra meditación, con nuestra acción, podemos ser de beneficio a una gran cantidad de seres humanos y no humanos que nos rodean. Podemos alegrarnos de las felicidad y alegría de los demás, sin distinguir amigo de enemigo o extraño. Podemos aspirar a aliviar el sufrimiento de los demás sin distinción. En ocasiones incluso seremos capaces de hacer realidad esa aspiración, a veces con algo tan nimio como una sonrisa o un saludo. Podemos aspirar a llevar la felicidad y sus causas a los demás sin distinción. Puede que lleguemos a hacerlo realidad en algún momento, con un gesto pequeño que sumado a otros sean significativos. Además, si deseamos involucrarnos en el camino budista del bodhisattva, el Vajrayana nos proporciona métodos hábiles para recorrerlo y desarrollarlo con diligencia y rapidez, transformando todas nuestras pautas habituales egóticas y cosificadoras en la luz armoniosa de la sabiduría trascendental que se muestra en su desnudez como la compasión que todo lo abarca.

Aunque no se aspirara directamente a producir un cambio social en el sentido que en occidente se da a este término, lo cierto es que las sociedades están formadas por individuos y una sociedad de aspirantes a bodhisattvas sería, sin duda, una sociedad sana. Esa es, creemos, una buena dirección para el camino del bodhisattva en el siglo XXI.

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